La tos es un reflejo que mantiene despejada la garganta y las vías respiratorias. Aunque puede ser molesta, la tos ayuda al cuerpo a curarse o protegerse.

Una de las causas más frecuentes de la tos es una infección viral de las vías respiratorias, como una gripe, un resfriado común o una bronquitis aguda. Cuando el sistema inmunológico está intacto, el cuerpo se protege contra los gérmenes patógenos, pero es común que durante los resfriados, el sistema inmunológico pueda debilitarse debido a corrientes de aire, llevar la ropa mojada o cambios de temperatura.

Además, si estamos en contacto con personas que están resfriadas, por ejemplo en el trabajo, en el jardín infantil, o en el colegio, hay más posibilidades de que los virus ingresen a nuestras vías respiratorias.

La tos se divide en distintos tipos:

Tos seca

Con la tos seca, la mucosa de la garganta se irrita y puede provocar tos o desencadenar un ataque de tos. En esta situación, la tos no actúa como un mecanismo de limpieza de las vías respiratorias y por lo tanto, no entrega ningún beneficio. Este tipo de tos es especialmente frecuente durante la noche e impide descansar bien.

Tos productiva

En la tos productiva, aumenta la formación de la mucosidad, facilitando la expectoración. Este moco puede ser un caldo de cultivo para otros patógenos, como bacterias, así que es importante  toser para reblandecer la mucosidad y expulsarla.

Tos aguda vs Tos crónica

La diferencia entre la tos aguda y la tos crónica es que la primera no dura más de ocho semanas. 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habla de tos crónica cuando expectoración y tos se producen la mayoría de los días y perduran al menos tres meses durante dos años consecutivos.

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